Por un contundente 3 a 0 decidimos ir al cine a ver El imaginario del Doctor Parnasuss (la segunda opción era "Moon"). Pero un error en los horarios indicados en la web, hizo que al llegar tuviésemos que volver a elegir película. Y así, de rebote, vimos Ágora... en versión digital por un eurillo más.


Desde la esquina de la última fila de una sala repleta, disfrutamos de la última película de Alejandro Amenábar. Disfrutamos de los decorados, las imágenes, el vestuario, el movimiento... porque estéticamente Ágora es una maravilla. Pero, en mi humilde opinión, el guión es un poco tramposo y simplista. Está claro que cada director es amo y señor de sus proyectos y tiene todo el derecho del mundo a contar cada historia cómo quiera. Así, si bien no hay nada reprochable en que Amenábar, ateo confeso, ensalce las virtudes de la ciencia frente al fanatismo religioso, me sorprende el exagerado dualismo que ofrece entre buenos y malos. Un ensañamiento con la religión que no sólo me parece injusto, sino innecesario, como los créditos finales que explican el futuro de Cirilo, y que más parecen un panfleto para convencernos de su discurso que el punto final de una historia.